El día que cambié mis prioridades

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¿Alguna vez has dado cuenta que el día no te alcanza para hacer aquello que te gusta hacer? ¿O dices que te gusta hacer algo pero no lo haces por falta de tiempo. Que no lees porque no tienes tiempo? Que no haces ejercicio porque trabajas. O estudiar una lengua… o simplemente hacer algo nuevo. Bueno de eso ni hablar. Por lo regular casi siempre tenemos tiempo, lo que pasa es que muchas veces para hacer lo que nos gusta, tenemos que sacrificar tiempo de familia, pareja o amigos. En fin, uno puede decir que nunca tiene tiempo para hacer lo que quiere.

Uno de mis grandes pretextos, era que no tenía tiempo para escribir. Porque cada vez que llegaba del trabajo, me sentía cansado, tenía alguna tarea del hogar pendiente, sacar a caminar a los perros. Todo un mundo de pretextos y obligaciones. Eso me provocaba frustración. No me sentía con motivación suficiente en el día para hacer mis actividades.

Cuando me encontraba trabajando en un una oficina nueve horas diarias, tenía diferentes prioridades. Me resultaba difícil llegar a mi casa y comenzar a hacer lo que me gustaba o mejor dicho lo que me interesaba hacer. Es por eso que nunca vi resultados. Cada vez que llegaba del trabajo era normal que algo se presentara para acaparar mi tiempo que tenía destino para escribir. O simplemente llegaba tan cansado con ganas de no hacer nada. Todo eso se fue cuando puse en orden mis prioridades.  Aprendí que si lo más importante para mi día, para sentirme bien era escribir, era lo primero que tenía que hacer. Así que opté por comenzar a dormir un poco más temprano para despertar dos horas antes de lo habitual.

Al principio me costaba un poco de trabajo. Despertar con la oscuridad de la madrugada, el frío. Salir de la cama. Pero me di cuenta que era un buena hora para hacerlo. Mi mente estaba fresca, el ruido ausente, y lo mejor de todo es que podía continuar con mi rutina diaria con mucho mejor ánimo y con la tranquilidad de que ya había cumplido con mi deber. Ahora que trabajo desde casa y paso la mayoría del tiempo haciendo aquello que me gusta, las prioridades han cambiado. Y no es porque no siga siendo importante para mi escribir. Sino que pase lo que pase lo tengo que hacer, es por eso que ahora he cambiado el habito de escribir por las mañanas para hacer ejercicio.

Ahora que me levanto temprano para salir a correr, es cuando regreso a casa, y con toda la tranquilidad del mundo, comienzo a escribir, sin sentir esa angustia que me atacaba todas las tardes, porque pasar todo el día sentado, con la comodidad de tener un refrigerador lleno de comida a la mano, no es muy sano.

Ahora tengo que luchar contra otro monstruo de la creatividad. LA DISTRACCIÓN. Pero de eso hablaré en otro momento.

 

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