Mi cuerpo es poseído por las noches

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Hasta hace unos días América me recriminaba que, por las noches mientras dormía, tenía comportamientos muy extraños. Entonces le expliqué que algunas noches, cuando busco alguna idea, solución o respuesta, hago un ritual para viajar conectarme con el universo y hablar con mi yo en el espacio. Le dije que no tuviera miedo, que es normal y para calmarle le conté todo lo que sucede en ese viaje, que es más o menos así:

Antes de dormir escribo la pregunta en un cuaderno y lo dejo en el buró. Me acuesto con un calcetín; el del pie derecho, y el pie izquierdo lo dejo fuera de las sábanas. Mientras duermo el pie desnudo sirve de antena para tener comunicación con el universo. Lo primero que hago es conectarme con el núcleo de la Tierra. Para lograrlo tengo que concentrar mi energía en mi frente, poco a poco se va concentrando más y comienza a bajar por mi garganta, inunda mi corazón y de allí se expande por mis arterias. Cuando la energía llega a mi pie izquierdo comienza a descender al piso y a penetrar en la Tierra hasta el centro. Allí se encuentra el corazón del mundo. Es un árbol con forma de mujer (al menos así se muestra a mí) lleno de luz. Cuando estoy frente a ella pido permiso para ir al universo. Siempre se me ha concedido (pues siempre he sido muy respetuoso). Comienzo a subir a la corteza terrestre impulsado por una gran cantidad de energía mucho más potente. Cuando llega hasta mi cuerpo se llena con esa energía mágica. Me vuelvo muy poderoso y es cuando del pie sale mi ser disparado fuera del planeta.

Cuando estoy en ese lugar no hay nada más que material espacial y una puerta que flota en el vacío. Espero a que se abra. La persona que sale de ese lugar soy yo. Al menos alguien idéntico a mí. Él me conoce muy bien, podría decir que más de lo que me conozco. Entonces comienzo a hacer las preguntas que anoté en el cuaderno. Cuando me contesta me siento un poco avergonzado, pues las respuestas son sencillas. Pero antes me parecían muy complicadas. Cuando termino, regreso haciendo el mismo recorrido. Vuelvo al centro de la Tierra a dar gracias y después regreso a mi cuerpo para despertar, ponerme el calcetín y anotar las respuestas en la libreta.

Parece sencillo, pero todo ese tiempo mi cuerpo se queda solo. Vulnerable. Como un traje listo para ser usado. A veces algún espíritu despistado que pasa por ahí, entra a mi cuerpo. Y ese es el problema, por eso dice mi esposa que me hago loco en las noches. Todo depende del tipo de espíritu que me posea. A veces sólo hablo en otras lenguas irreconocibles, me levanto, camino o grito. Pero a lo que más le teme es que un día entre el alma de un asesino o un violador. Ahora que lo sabe tiene más cuidado. Cada vez que ve que mi pie esta fuera de la cama ella tiene que asegurarse de que por ningún motivo me ponga el calcetín que me falta. Ya que si sucediera yo no podría regresar y el espíritu se quedaría atrapado para siempre en mi cuerpo.

 

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